domingo, 4 de abril de 2010

Detrás de cada amor viene un nuevo amor By Teddy Duhart

Indefectiblemente.

Cuando terminas de comer un asado del porte de una casa, es difícil que de inmediato
tengas ganas de comerte un plato de tallarines, pero seguramente al
otro día te los comerías con ganas.

Hay momentos en la vida donde crees que todo terminó para ti
en materia de amor. Eso nunca es cierto. Creer que nunca vas a
querer a otra mujer como a la anterior es como pensar que nunca
más vas a tener hambre. Ya sea con la misma persona en una nueva
etapa o con otra, vas a volver a sentirte tan bien o mejor que antes.

O cuántas veces comiendo una hamburguesa pensaste que era lo más
rico que habías comido en tu vida. Y después otro día mientras
comías una paella pensaste lo mismo, y después lo pensaste con un
lomo a la pimienta y otro día simplemente con un choclo con
mantequilla y sal.

“Nunca más voy a encontrar otra Verónica”, dijo Luis un día. Y
tenía razón. Esa Verónica era única. No estaba clonada ni nada. Lo
que no se puso a pensar era para qué quería encontrar otra igual si
en realidad no tenía nada que no pudiera encontrar en otra.
Claro... el amor nubla la vista y entorpece el buen funcionamiento
del cerebro, lo que hace que veamos en la otra persona virtudes que
no existen.

Que con nadie vamos a hacer el amor como con ella.
Mentira.
Que nadie nos va a querer como nos quería ella.
Mentira. (Gracias al cielo).

Y así podríamos seguir con una lista interminable.

Esto es importante tenerlo en cuenta no sólo para sentirnos mejor
en caso de que el distanciamiento con nuestra novia sea irreversible
sino también en los momentos en los que estamos intentando una
reconciliación.

Nos vamos a sentir más tranquilos y seguros si tenemos en
cuenta que si las cosas no nos salen como queremos, no es la muerte
de nadie.
Y es más, tal vez ella esté perdiendo más que nosotros.
Es bueno que cuando estemos frente a ella tengamos en un lugar de
nuestra mente la frase: “Bueno cariño... si no eres tú, será otra”.
Porque
siempre viene otra. Las mujeres son como las olas.
Siempre va a venir una mejor. Aunque por momentos el mar parezca
tornarse más calmo.

¿Viste alguna vez a un surfista tendido en la arena llorando porque
esa ola que tan bien surfeó durante un rato, se desvaneció en la
orilla? Seguro que no. Los tipos agarran de nuevo la tabla y vuelven a
encarar el mar en busca de otra ola que muy probablemente será
igual o mejor a la que se fue.
Tal vez la tengan que esperar un poco
flotando, pero siempre llega.

Teddy

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