100 imperdibles para un sibarita en Santiago
El menú de una ciudad como Santiago es amplio como una buena carta: sólo hay que escoger. No son sólo recetas, sino también detalles en la decoración, personas difíciles de olvidar o sólo la acertada conjunción de una hora y un lugar. Son prácticamente cien obligaciones, cien tareas que tarde o temprano hay que cumplir.
Por Esteban Cabezas El Mercurio
1. Probar el relajante pisco sour tamaño catedral del Cocoa.
2. Bajar al baño - blanco e inquietante- del restaurante Moma.
3. Invertir, porque no es barato, en dos piezas del agridulce sashimi de unagi - anguila- del Sakura.
4. Ser atendido por Alejandro Farías, maitre y sommelier del Bristol, en el Hotel Plaza San Francisco.
5. Partir la noche en El Toro.
6. Terminar la noche en La Trova.
7. Comer sin vergüenza, con las manos y un babero, medio kilo de los camarones de El Camarón. Hay aguamanil.
8. Comer donde come la Bolocco: el Gioia.
9. Probar la suave mozarella hecha en casa, acompañada de tomate y albahaca, del Rívoli. El hombre del delantal es Massimo, el dueño.
10. Almuerzo naturista barato y no exento de celebridades: La Huerta.
11. Alquimia de sobremesa: café de bola de La Cava de Dardignac. El artilugio se vende. Es caro.
12. Codearse con la inteligentsia santiaguina. Comerse un sandwich de mechada - viendo pasar a alguno de los ex Los Tres, o al The Clinic en pleno- en el Liguria.
13. Buscar una cabeza de rinoceronte de metal en calle General Salvo. Hay un bar allí.
14. Tomar un cóctel - de preferencia un mojito- en una gloria de los años 80: El Biógrafo.
15. Almorzar en medio del tráfico de gente en la terraza del Le Fournil de Vitacura.
16. Desayunar alguna de las sorprendentes recetas-fusión neozelandesas del Café Melba. Se escucha hablar en inglés.
17. Disfrutar de la ligereza del amaretto sour de El Club. Se escucha hablar en chileno.
18. Tomar una tetera de té Marco Polo - aromatizado con flores y frutas- en el ambiente afrancesado del Le Flaubert. De preferencia, en sus mesas de la calle.
19. Liquidar unas codornices escabechadas del Ana María.
20. Escoger del ya mítico mesón de antipastos del Da Carla.
21. Ser atendido por alguna de las mozas prácticamente uniformadas de negro del Café del Patio.
22. Verde y blanco: un plato de tallarines bicolores del Squadritto.
23. Una cena con cuarteto de cuerdas de fondo (de jueves a sábado) en El Sommelier.
24. Comer schawarma en la panadería Samar de Patronato.
25. Neruda paraba allí: el Venecia.
26. Sopa casera y con estilo norteamericano: la New England chowder de A Pinch of Pancho.
27. Panorámica retro: Pato a la naranja con la vista que ofrece El Giratorio.
28. Un vicio de gnomo: cerveza irlandesa Beamish, stout y red, en el Flannerys.
29. Sufrir una sobredosis de decoración kitsch en El Deseo.
30. Tomarse una cerveza en el corazón de Ñuñork: Las Lanzas.
31. Sopa de cebolla en ambiente literario: Café de la Plaza.
32. Ostiones con puré de espinacas - a la Rockefeller- en el mítico Les Assasins.
33. Terminarse un lomito completo de la Fuente Alemana.
34. Felicitarse de descubrir la carta de ensaladas de La Pizza Nostra, uno de los mejores sitios de Santiago para la noche del domingo.
35. Hacer antropología culinaria y tentarse con el cuye (conejillo de Indias) del Barandarián. Goce o suplicio.
36. Probar algún especiado plato indio hecho en el horno tandoor del Majestic.
37. Guatitas a la jardinera en Del Beto. Se odian o se aman.
38. Darse el lujo- por lo menos una vez en la vida- en El Madroñal. Y sentir que pagó lo que realmente valía.
39. Sentarse en una mesa en particular del Sarita Colonia: la que tiene luz dentro.
40. Probar la comida chilena con sus sabores suavizados - un poco demasiado, eso sí- en el Isla Negra.
41. Cocina francesa: confit de ganso o los escalopines de foie gras de La Cascade.
42. Comer un buen pernil con chucrut y puré picante en el München.
43. Paciencia: esperar el frío para mojar unos churros en chocolate en el Pinpilinpausha.
44. Darse la maña de escoger los productos frescos que le cocinarán en el Anakena.
45. Terminar una comida con la mousse de dos chocolates del Balthasar.
46. Comer un clásico del clásico Carrousel: blinis con caviar y crema agria.
47. Un té retro del Villa Real.
48. Los increíbles ravioles de ricotta y nueces del Da Noi.
49. Una prime rib del Cooper Room del Hotel Carrera.
50. Las machas a la gringa, de El Reloj.
51. Por algo es difícil: conseguir reserva en el Astrid y Gastón.
52. Un gusto magallánico: cordero al palo de El Mesón del Calvo.
53. Quedar contento con los abundantes fetuccini de El Suizo, con camarones, ostiones, pollo y vegetales.
54. Ver la señalética de los baños del Azul Profundo: mariscos con doble sentido.
55. Tomar desayuno el domingo en el Plaza Insurgentes y encontrarse con el ministro Insulza.
56. Sentirse algo británico con el pastel de riñones del Phone Box Pub.
57. Pedir un completo - sin olvidar la salsa verde- del Dominó.
58. Gozar unas empanadas de queso sin esperas en El Rápido.
59. Un clásico: el plato de fricassé de criadillas en el Jockey Club.
60. Sentarse en el Mercado con una pescada frita y ensalada chilena en Donde Augusto.
61. Comer de pie unos pequenes en el local 109, Pequenes Nilo (80 años de tradición), que queda cerca de Donde Augusto.
62. Encargar un chanchito del Satiricón.
63. Comer las empanadas de pino de Doña Tina, al costado y atrás del antiguo Mercado Providencia.
64. Cerveza artesanal, turbia y exquisita en el HBH.
65. Comer un pollo al coñac de El Pollo al Coñac. No sin antes probar el paté de panitas.
66. El osobuco de El Caramaño. Y las sopaipillas.
67. El pisco sour más rápido de Chile: en el Eladio.
68. Un sandwich de arrollado o pernil en el puesto 94 de La Vega Chica: Doña María.
69. Conocer a la intensamente simpática Frederique, del Kilometre.
70. Soportar la fuerza y picor de la comida coreana en el Lee Fa. Luego, recluirse un día sin contacto social.
71. Las berenjenas rellenas con pescado del Miraolas.
72. Los sashimis y sushis concebidos por Joseph Gander de El Cid.
73. Probar el buffet del Brick, en el hotel Radisson, y reconocer las últimas innovaciones fusión inventadas por el chef Joel Solorza.
74. Ir a La Bodeguilla y conocer al jovial García Lorca, el dueño y señor del lugar.
75. De lo realmente bueno, poco: Balthus.
76. Estar en el centro y almorzar en el Plaza San Francisco algún plato chileno modernizado por la mano del chef Guillermo Rodríguez.
77. Encargar - de un día para otro- un Pato Pekín en el Danubio Azul.
78. Tomarse un margarita - o dos- en el Plaza Garibaldi de Santiago Poniente.
79. Reservar el privado del Matsuri, del Hyatt.
80. Sentirse más que satisfecho tras un cochinillo al horno del Ibérico.
81. Encontrarse con un crudo - erizos también- del Tip y Tap.
82. Pedir como entrada el pulpo con mayonesa de aceitunas amargas del Puerto Perú.
83. Tomarse un vaso de pipeño con helado de piña
- terremoto en versión grande, réplica la pequeña- en El Hoyo.
84. Madrugarse en la Casa de Cena.
85. Tomarse una cerveza belga de 10 grados, una Maredsous, en un clásico de los 90: La Terraza.
86. Comer unas ostras en Ostras Azócar.
87. Dulces y café bien amargo en el Bombón Oriental, al lado del teatro La Comedia.
88. Conocer un plato boliviano: sopa de maní del Gatopardo.
89. Sentarse en la barra de sushi del Kintaro y ver trabajar al maestro Yoko.
90. Combinar un postre de relajantes torrejas y el igualmente dulce café con cajeta en La Casa de la Cultura de México. Cierran temprano.
91. Respirar algo de la dignidad y antigüedad preservada en el Café Torres.
92. Unas ancas de rana en el Club Gran Avenida.
93. Nostalgia rápida: llevarse a la casa un pollo asado del Pollo Stop.
94. La plateada al horno, a lo pobre o a la pimenta, de La Casa Vieja.
95. Sentarse a escuchar a los vecinos en el Tavelli de Providencia.
96. Una once criaturera en el Hansel y Gretel.
97. Cocina afrodisíaca, dicen, y tragos a $ 1.500
- cualquiera- los domingos: Santo Remedio.
98. Descubrir que el chupe de camarones es una sopa, en El Otro Sitio.
99. Almorzar en el centro de Santiago en el restaurante naturista más antiguo de Sudamérica, El Naturista.
100. Ser recibido por José Miguel Manríquez en la puerta de De Cangrejo a Conejo.
Uhh,puedo decir que he hecho un par, como el shawerma, el majestic, mercado central, azul profundo y fuente alemana jaja, ah! y el del patio jaja
ResponderSuprimirmuy geniall tublog carooo
cariñoss
yass